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¿Por dónde empezamos a transformar la escuela? ¡Cuidemos a las personas!

Delivering Happiness at School | 14 marzo, 2018

En numerosas ocasiones lo hemos afirmado: la transformación educativa no llega rápido ni sola. ¿A qué nos referimos? Pues a que los retos educativos a afrontar tienen unos tiempos dilatados, no surgen de la noche a la mañana. Y tampoco llegan de forma automática, sino que hay que reflexionar y establecer algunos puntales para que, poco a poco, se vayan dibujando nuevos parámetros en los que situar los nuevos contextos educativos.

En toda transformación educativa y por tanto, como ya hemos comentado, cultural, existe un factor común, un verdadero catalizador, clave para su éxito y que en ocasiones se menosprecia: las personas y su vivencia del proceso. Os proponemos a continuación algunas dimensiones que vale la pena tener en cuenta para hacer de esta transformación un proceso más positivo y por tanto más efectivo.

  • Los valores

Disponer de unos valores de centro que sean los que inspiren y guíen los comportamientos, relaciones y el día a día de los miembros de la comunidad educativa: dirección, equipo, estudiantes y familias. Preguntémonos: “¿Cuáles son los valores del centro? ¿Qué valores orientan la relación con mis alumnos y sus familias? ¿Qué significan esos valores y cuándo los vivimos?”. Y ahora un paso más: “¿Mis comportamientos responden a esos valores?”.

Tener definidos valores es tan importante como vivirlos y aplicarlos en el día a día. No son pocos los centros que trabajan de forma transversal los valores. Pero, ¿tiene sentido trabajar los valores? ¡Los valores hay que vivirlos!, y así florecerán a nuestro alrededor. Muchos de ellos disponen de estrategias para implementarlos y desarrollarlos, tanto con alumnos como con el resto de la comunidad educativa. Te proponemos a continuación algunas formas de definir y vivir tus valores:

– Crear grupos de trabajo para elaborar una propuesta de valores y comportamientos conjunta, consensuada también con alumnos y familias

– Recoger los principales valores (consensuados) en el ideario de centro

– Concretar reglas para vivir en el día a día los valores acordados (en la resolución de conflictos, en la comunicación y en cualquier otra situación de la escuela)

– Cuidarlos específicamente de forma individualizada en tutorías con alumnos, para que tomen conciencia y puedan aplicarlos en su día a día

– Asegurarse de que son conocidos por toda la comunidad educativa

  • La conectividad

Cuidar la calidad de las relaciones interpersonales entre los alumnos, con otros maestros, maestras y personal del centro, y con las familias es otro de los aspectos concretos e importantes para iniciar la transformación educativa. Si no hay conexión, ni el aprendizaje ni la convivencia en aulas y centros puede funcionar. Por ello recogemos a continuación algunas propuestas para incorporar para el cuidado de nuestra conectividad y que ya se utilizan en muchos centros:

– Reunir a todo el profesorado varias veces al año, ¡es bueno que nos conozcamos todos!

– Mezclar alumnos y docentes de distintos cursos

– Invitar a las familias a participar en el centro (por ejemplo, con una base de datos de profesiones para invitar a padres y madres a explicarlas en el aula)

– Organizar jornadas de puertas abiertas o eventos y actividades lúdicas tanto para las familias como para el alumnado y el profesorado

– Realizar actividades de formación y de team building con los equipos docentes

– Crear espacios compartidos entre alumnos y docentes (comedor o patios, por ejemplo)

– Pautar un proceso de acogida para las personas que se incorporan al equipo o al centro

– Establecer mecanismos para dirimir conflictos o malentendidos entre la comunidad educativa

  • El progreso

Sentir que se avanza, que se aprende, que se mejora, es especialmente importante en los centros educativos, tanto a nivel personal como académico. Además, en un proceso de transformación educativa, es fundamental para mantener el momento que seamos conscientes de los logros y avances que vamos consiguiendo, por pequeños que sean. Estas son algunas de las formas de llevarlo al día a día en la escuela:

– Identificar aquello que se hace bien, comunicarlo y… ¡celebrarlo!

– Realizar cuestionarios que permitan evaluar lo implementado

– Cuantificar los avances con herramientas adecuadas, más allá de las cuantitativas

– Comunicar el progreso realizado a los alumnos y equipos, que no quede en las     reuniones de claustro

– Organizar jornadas de “buenas prácticas” donde se pueda mostrar lo que hacen los alumnos

– Incorporar el feedback como práctica habitual con gran potencial para mejorar

  • El control

Gestionar la propia personalidad, objetivos, expectativas y entornos supone, sin duda, un gran reto que todos los componentes del ecosistema escolar deben afrontar. Como pieza fundamental hay que tenerla en cuenta a la hora de emprender cualquier transformación, y así es como algunos centros la proponen introducirlo:

– Incorporar la educación emocional en las aulas, tanto para docentes como para alumnos

Abrir la posibilidad a docentes a participar de la definición de propuestas estratégicas y del día a día

– Proporcionar autonomía al equipo docente dentro de las líneas estratégicas del centro  

– Dar responsabilidades y ofrecer retos a los alumnos

– Definir claramente los roles, privilegios y obligaciones  de cada persona que forme parte de la escuela

  • El propósito

Si me pregunto: ¿Para qué trabajo en mi escuela? y ¿Para qué existe mi escuela? ¿Consigo respuestas que están alineadas? Este factor es clave para conseguir la transformación educativa deseada, ser capaces de encontrar esa motivación, que proviene de lo que aporto a los demás a través de mi trabajo y de la escuela. Puede ser una gran responsabilidad, pero también un reto precioso, ¿verdad? Para conseguirlo se pueden tener en cuenta algunos de estos aspectos:

– Reforzar el proyecto común en las reuniones de claustro y en los encuentros semanales

– Organizar dinámicas de todo el equipo para generar sinergias y horizontes y que conecten con lo que significa ser parte de la escuela

– Dinamizar actividades para que los alumnos indaguen en sus fortalezas y en aquello que les apasiona, y en cómo lo pueden utilizar para aportar al mundo.

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