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Categoría: Formación del profesorado

«El niño de la última fila»

«Sí. El que me mira, cabizbajo, pero no me ve. El que tiene un rostro que mezcla seriedad e indiferencia. El que balancea las piernas mientras hablo pero no consigue escucharme. El que rabia y llora en silencio.

Al niño de la última fila no le interesa la ciencia ni la escuela. Le cuesta compartir una sonrisa, aunque, cuando lo hace, esa sonrisa vale por mil. No es él quien molesta al compañero de clase por debajo del pupitre, no es él el revoltoso que me agota, él es sólo el que está sin estar, el que me mira, pero no transmite nada.

El niño de la última fila no aprende. Con ritmo pausado, acaba sus tareas sin más intención que la de archivarlas. No sabe de motivación y tampoco de interés. Progresa a pasos lentos sin pasión ni objetivo.

Dicen que los maestros no debemos llenar cerebros sino prender luces. Pues nadie prendió aún la luz del niño de la última fila.

¿Y qué sabe, él, de motivación? ¿Qué sabe de felicidad? Quizás no se lo he preguntado. Quizás no le he escuchado. Quizás nunca he mirado a través de sus ojos. No me he puesto su mochila llena de piedras, que pesan, y mucho. No sé si he entendido lo que siente. O si le he tendido la mano para que me acompañe.

Puede que la empatía se aprenda empatizando. Y que a sonreír se aprenda sonriendo. Está en mis manos acercarme a él y ayudarle a comprenderse, a encontrar su espacio en esta aula. Seguro que hay un lugar para él. El niño de la última fila no es mi problema. Es mi reto

¿Te has preguntado alguna vez qué haces para la felicidad de tus alumnos, qué haces para conectar de verdad con ese niño de la última fila?

Conócete un poco más y consigue algunas acciones que puedes llevar a cabo en tu día a día en el aula con nuestro test de autoevaluación clikando aquí.

¡Que tengas una feliz semana! 😉

3 Comentarios

  1. Javier dice:

    Esta historia es profundamente emotiva… Sobre todo porque un simple gesto puede tener tanto significado. Empatizemos!

  2. Arantxa dice:

    Una buena pregunta! Tenemos mucho que reflexionar sobre lo realmente importante en la vida, que es base de todo lo demás !! Gracias Feliz semana!

  3. LUIS dice:

    Si fuéramos capaces de ponernos en el sitio de un alumno con dificultades – del tipo que sean – veríamos nuestro entorno muy distorsionado. ¨No lo entiendo ¨, ¨No sé , ¨Soy tonto ¨, ¨Nadie me deja jugar ¨, ¨No me la pasan …¨, ¨No lo sé hacer ¨, ¨Me aburro¨, ¨Se burlarán de mi¨… ¿ Qué podemos esperar de una criatura en esa situación ? Aislamiento, temor, actitudes defensivas, escasa sociabilidad, agresividad , frustración … Será el último de la fila o el primero en romper las normas de comportamiento del grupo . Todos somos conscientes de casos así . El alumno – a cualquier edad , pero sobre todo el más pequeño- no posee el YO potente que pueda tener un adulto y a él le resulta mucho mucho más difícil defenderse en situaciones complicadas y que generalmente se le escapan. ¿ Qué hacer ? Hay que reconducir, adecuar actuaciones, adaptar espacios y actividades, tratar de forma muy personal, interesarse por su problema y actuar junto a él en la búsqueda de pequeñas soluciones, darle tiempo, demostrarle cariño , respeto y comprensión, ponerse de su lado, ajustar actuaciones con su entorno inmediato – padres , profesores, compañeros …- , dejar constancia de sus pequeños avances …, en fin , tantas cosas … Y es que EDUCAR ES LA PROFESIÓN MÁS MARAVILLOSA DEL MUNDO.!!!!

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