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Diez ideas para la transformación educativa

Delivering Happiness at School | 23 enero, 2018

El mundo cambia a un ritmo vertiginoso. Y la escuela, como parte de él, lleva ya tiempo replanteando los retos educativos que debe afrontar. Son ya numerosos los centros que están implementando nuevas prácticas, por ello recogemos a continuación las principales ideas sobre la transformación educativa, que surgen de horas de conversaciones con docentes y equipos directivos que, de distinta forma, se han sumado a ellas.

  • ¿Transformación o adaptación?

No existe una única transformación educativa posible. Tampoco se debe cambiar todo. Conocer la realidad del centro escolar y de su entorno permitirá transformar los elementos que se consideren oportunos, lejos de seguir un modelo único. O adaptarlos a las nuevas realidades, pues la escuela históricamente tarda en adaptarse y evolucionar ante cambios sociales, lo cual es más que comprensible especialmente con el ritmo con el que dichas transformaciones se producen.

  • Cambio de mirada

La transformación más importante es la mentalidad, la mirada, la consciencia. Esto será el sustento del cambio educativo. La radicalidad recaerá, pues, en conseguir modificar la manera de comprender el hecho educativo y la institución como tal, viendo en nuevas formas de actuar nuevos aprendizajes y en los centros de enseñanza, centros de aprendizaje.

  • Menos es más

Las transformaciones no deben ser necesariamente revolucionarias. Pero sí requiere renovaciones fruto de la observación constante del entorno. Y eso no implica rechazar todo lo que hasta hace pocos años ha funcionado, pero sí ir añadiendo nuevos puntos de vista y estrategias. Puede empezar por transformaciones simples en los materiales o el mobiliario, para luego plantear otras más complejos como pueden ser, por ejemplo, las metodologías. Una planificación estratégica de la transformación permitirá implementarla de manera ajustada a las necesidades del contexto educativo.

  • El alumnado en el centro

El motivo de cualquier adaptación no es otro que mejorar el aprendizaje de niños y niñas. Ellos son sus protagonistas y su razón de ser. Todo surge, en parte, de observar que la educación clásica no les motiva, no les llena, no les pide implicación, no les activa. Y, puesto que cualquier reforma tendrá al alumnado como punto de partida, deberá responder también concretamente a su perfil y a sus necesidades.

  • Carrera de fondo

No existen transformaciones milagrosas. La innovación educativa es una carrera de fondo: requiere tiempo y esfuerzo. Es progresiva. Debe planificarse y, posteriormente, implementarse. Puede empezarse con pequeñas modificaciones en educación infantil, para luego ampliarlas a otros niveles. O pueden hacerse cambios un día a la semana, para que luego se traslade a más franjas horarias. En ese sentido, las escuelas diseñan planes estratégicos en los que tienen cabida las transformaciones que pretenden llevar a cabo previstas para entre tres y cinco años, y en algunos casos incluso muchos más.

  • Mejor compartido

La transformación educativa solo puede ser compartida. Y es así porque el centro educativo en su totalidad debe aplicar cualquier decisión. Equipo directivo, profesorado, alumnado y familias. Solo aceptada por todos ellos podrá tener éxito. Existen casos en que las propuestas surgen del equipo directivo o del claustro, pero pronto se comparten y se trasladan para conseguir el máximo consenso posible. Crear espacios de opinión, para compartir expectativas, dudas e inquietudes resultará clave. Además, que sea un proyecto compartido garantiza su continuidad, aunque pudiera relevarse el equipo directivo o parte de los docentes. Además, las adaptaciones requieren un trabajo previo con todos los miembros de la comunidad educativa para conocer la realidad del centro.

  • Una golondrina no hace verano

Y comprar ordenadores, trabajar en grupos o introducir pizarras digitales no transforma por sí solo el entorno educativo. Existen centros que introdujeron hace años herramientas, pero usando las mismas metodologías, obteniendo nulos resultados. Disponer de infraestructura, pues, no significa saber implementar el cambio, si bien puede ser un detonante para ello. Además, puede ser concebido por docentes y por familias como simple estrategia de márquetin, por lo que debe vincularse siempre a transformaciones de tipo más profundo.

  • Ganar adeptos y tejer redes

En los centros educativos, cuando se ponen sobre la mesa transformaciones educativas, suelen aparecer de forma inmediata dos bandos: los reacios a modificaciones y los que no ven otra opción posible para el futuro de la educación. No se puede esperar convencer a todos los miembros de los centros, pero cuanta más gente esté convencida de las adaptacoines que se vayan a realizar, mejor será su implementación. Para ello existen estrategias como el acompañamiento, que aporta seguridad a los docentes.

Dejarse aconsejar, recibir visitas de docentes o conocer otros centros educativos y profesionales del sector son también formas de aprender de lo que otros con situaciones muy parecidas ya han hecho. Trabajar en red y compartir es también clave para creer en ello.

  • Gestión del miedo a lo desconocido

Las transformaciones pueden generar frustración en los docentes. Pueden concebirlas como una carga extra que se les añade a las que ya tienen. Puede desgastarles. Puede inquietarles. O puede, en muchísimos casos, generar curiosidad y ver en ello una oportunidad para mejorar. Compartir inquietudes entre docentes, contar con su opinión y planificar de manera más precisa los pasos a seguir.

  • Prueba-error

Cualquier reforma, por norma general, conlleva, a veces, cierto grado de desorden y sensación de descontrol. Las transformaciones generan incertidumbre, una sensación que hay que aceptar siempre y cuando se disponga de elementos de evaluación que permitan dar pasos firmes con la certeza de que funcionarán. El ensayo-error, la prueba, es parte del proceso, acompañado de medidas para valorar el impacto que produzca en los contextos educativos para evaluar si funciona. No existe un único modelo de transformación y cada centro debe encontrar el suyo.

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